Relato de una Mujer en Navidad: Carta de Esperanza
Descubre la conmovedora historia de una mujer que, en navidad, extraña a su familia y decide escribir una carta para encontrar el lado positivo de las festividades. Una reflexión sobre los sentimientos navideños y el valor de la esperanza.
Belinda
12/20/20253 min read


Querida Navidad:
Otro año más nos hemos encontrado, aunque para ti seguro que mi presencia pasa desapercibida.
Yo te siento igual que todos los años, aunque esta vez, como en las tres últimas navidades, siento un poco de vacío.
¿Sabes? Hace años disfrutaba cada día de esta temporada. De hecho, podría decir que he sido más feliz celebrando la Navidad de adulta que de niña. Pero desde hace tres años, ya no es lo mismo. Y no es tu culpla, desde luego.
La vida, al igual que este planeta en el que vivimos, da muchas vueltas, pero para mí, estas tres últimas Navidades es como si se hubieran congelado, como si el tiempo no hubiera existido. No siento la diferencia entre este día y cualquier otro del año.
Sí, hace más frío, pero quizás en enero, después de que se haya celebrado el día de Reyes, el clima siga siendo igual y tu hayas pasado, otra vez de puntillas, sin siquiera rozarme. Esta carta no es una reprimenda hacia ti, en absoluto. Es más bien una reprimenda hacia mí por haberte dejado ir durante este tiempo. O, más bien, por no haberte sabido disfrutar durante estos años.
Pero, como te repito, no es tu culpa, sino mía por haberme dejado abandonar a este hastío.
Lo cierto es que me siento sola: no me queda familia con quien celebrar, mis amigos ya tienen sus planes de todos los años y yo no encajo en ellos y tampoco lo quiero forzar, así que pensando en que estas Navidades me voy a volver a sentir sola en esta fría y oscura ciudad. Por eso, he decidido tomar la iniciativa: me he acercado a una iglesia y he preguntado si realizan alguna actividad durante estas fiestas.
Si te soy sincera, a mí la religión ni fu ni fa (sí, ya sé que es contradictorio, pero tú eres un evento más cultural que religioso para mí), por eso no había entrado en ninguna iglesia de la zona hasta ahora y me quedé muy sorprendida al ver una cafetería al lado de la nave lateral de la iglesia. ¡Qué maravilla! Me encontré una visión completamente diferente de lo que es una iglesia tradicional en mi pueblo.
Me pareció una idea brillante, porque una cafetería dentro de la iglesia ofrece muchas opciones: puede ser un buen lugar para entablar conversación o para sentarte a tomar un café sin mucho ruído. Y lo más bonito que vi fue una zona infantil con juguetes y cuentos.
Eso en las iglesias de mi pueblo no lo hay y, desde mi humilde punto de vista, no estaría mal que lo implementaran.
Bueno, a turrón, que me despisto de lo que te quería contar.
Este año me acerqué a esa iglesia y, por lo visto, hay personas que están en la misma situación que yo y se sienten solas, pero no quieren pasar estos días en sus casas, encerradas y aburridas. Por eso, hemos organizado una cena de Navidad todos juntos, en la iglesia.
Cada uno de nosotros preparará un plato típico. Yo voy a llevar croquetas, que prepararé con mucha ilusión para que les sepan a gloria. Sé que otros compañeros llevarán pasteles, albóndigas y tortillas. Cosas sencillas, que no cuesten mucho de preparar, porque lo importante es el momento.
No sé qué saldrá de esta celebración, pero creo que es una manera de reconciliarme contigo, Navidad... Además, para que tengamos regalos, hemos organizado un amigo invisible.
¡Ay, mi Navidad! Hoy me siento muy positiva y creo que va a funcionar porque, si lo piensas un poco, la vida es un 10% de bombones y un 90% cómo los disfrutas.
