La gran noticia
Todas las celebraciones bonitas necesitan una caja de bombones.
Belinda
1/10/20262 min read


Marina había ido a visitar a su hermana, después de que la llamara para contarle una gran noticia. No sabía por qué no se lo había dicho por teléfono, pero le daba igual, su heraman Marta vivía cerca de su casa y pasaban muy buenos ratos. Seguro que lo que tenía que contarle era muy importante.
Marta abrió la puerta, abrazó a su hermana y la invitó a pasar al salón.
—Espérame aquí un segundo, que preparo unos cafés y te cuento.
Cuando se sentó frente a la mesa de té, Marina se fijó en que su hermana había dejado preparada una caja de bombones para la ocasión.
María llevaba un mes a dieta y tener la caja delante era una prueba que estaba segura que iba a superar.
De repente, el teléfono de Marta sonó y, según pudo escuchar, la conversación se iba a dilatar más de lo esperado. Así que, Marina cogió el mando de la televisión y se recostó en el sofá cómodamente, mientras iba cambiando de canal.
Pero le resultaba imposible concentrarse en la televisión, su cabeza solo pensaba en esa caja que estaba repleta de bombones.
—No pasará nada si cojo solo uno —pensó mientras abría la caja. Entre todos los que había para elegir, decidió escoger el que estaba relleno de una avellana.— Así tendrá menos chocolate y, además, los frutos secos son más sanos —se dijo para convencerse.
Siguió cambiando los canales mientras saboreaba el bombón que se derretía en su boca. Cuando se lo terminó, una sensación de seguridad se apoderó de ella. Tampoco pasaba nada si cogía otro bombón, total, llevaba un mes a base de lechugas, acelgas y espinacas.
Pero la conversación de su hermana se iba alargando cada vez más. Así que no tuvo motivos para parar, cogió otro bombón, y después otro. Así, hasta que se encontró con la caja vacía. ¿Qué le iba a decir a su hermana?
Un bombón estaba bien, pero los catorce que había en la caja, esos habían sido demasiados. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué le iba a decir a Marta?
De repente, Maxi, el perro de Marta, apareció en el salón y a Marina se le iluminó la cara. Ya tenía a quién echarle la culpa y, lo mejor de todo, no podría quejarse ni decir que mentía.
Entonces, oyó cómo su hermana colgaba el teléfono, abría la puerta y llegaba con los cafés. Marina la sonrió sin saber qué hacer ni qué decir.
—Bueno, ¿qué noticia es esa que me tiene en vilo?
—Un segundo, que te cuento —contestó Marta llevando la mano hacia los bombones.
Pero cuando abrió la caja, solo quedaban papeles plateados, arrugados y revueltos. Miró a su hermana buscando una explicación.
—¡Oh, Dios! ¿Qué ha pasado? —dijo ella fingiendo sorpresa... Pero los restos de chocolate en las comisuras de los labios la delataron.
